Primeros pasos en astrofotografía

Primeros pasos en astrofotografía
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Desde que cogí una cámara por primera vez y me puse ha hacer fotos, he visto que a ojos del público general, la astrofotografía suele tener dos estigmas. El primero es, según algunos, que es básicamente lo mismo siempre y que por lo tanto es algo aburrida. Apunta, ajusta, dispara, procesa y poco más. El segundo, que es muy cara y que solamente se puede hacer si tienes el equipo adecuado super complejo, super potente y super caro.

Si me permitís, como bienvenida a esta nueva sección de la revista, en la que os voy a ir hablado de diferentes aspectos, tanto técnicos como prácticos, de la astrofotografía a lo largo de los diferentes números, hoy os quiero demostrar que no hay nada más lejos de la realidad y que estos dos estigmas no son más que cuentos chinos. Obviamente, para gustos los colores, pero os puedo garantizar que la astrofotografía es un mundo lleno de emociones, de expectación, suspense. Un mundo en el que hay mucho margen para la innovación y mostrar cosas de manera diferente. Y sobretodo, un mundo accesible a todo el que quiera acercase. ¿Alguna vez habéis apuntado la cámara al cielo y habéis intentando fotografiar alguna estrella o la Luna? Si la respuesta es sí, ya habéis hecho alguna vez astrofotografía. Y si es que no, estáis ya muy cerca.

La astrofotografía no es solamente la fotografía de nebulosas, galaxias, planetas… mediante el uso de telescopios super grandes y cámaras super avanzadas. También tenemos la opción de juntar el cielo y la tierra, es decir, de hacer astro-paisajes. Y para eso lo único que necesitamos es un trípode, una lente y una cámara. Así de sencillo. Y tampoco tiene que ser una cámara o lente especial. Nada mejor que poner un ejemplo con una imágen para mostrar lo accesible que puede ser. Fijaos en la foto con la Vía Láctea pasando por encima de nuestro telescopio robótico, Watcher (imagen 1). Una foto que para mí tiene mucho significado por todo lo que la rodea, pero que en este caso os la quiero mostrar para que os fijéis en sus datos EXIF. Fue tomada con una Canon EOS 500D, es decir una APS-C de hace unos 10 años y una lente de 10mm a f5. Es decir, una cámara de gama baja y una lente que claramente no es muy luminosa. Aún así creo que el resultado fue algo impresionante. O por lo menos a mi me marcó bastante.

Imagen 1: EXIF Canon 500D, Canon 10-18mm a 10 mm f5.0, ISO 3200, 10×30 seg

Cómo veis, empezar a hacer astrofotografía no es que requiera nada super especial. En muchos casos lo importante aquí no es tanto el equipo que tengamos, sino cómo lo usemos. Esto es muy importante tenerlo siempre presente porque si nos fijamos solamente en las cosas que vemos por Youtube o redes sociales, parece que siempre tenemos que estar comprando el último modelo de cámara para poder hacer algo decente. Conocer nuestro equipo fotográfico es fundamental para saber hasta qué límite lo vamos a poder exprimir y cómo podemos sacar lo máximo de él. En este caso que os he mostrado, yo sabía que mi lente no era muy luminosa, por lo que un único disparo resultaría en una imagen con bastante ruido y con una Vía Láctea bastante pobre. Para compensarlo lo que hice fue tomar 10 imágenes de 30 segundos cada una, para posteriormente apilarlas y aumentar mi señal.

Conocer nuestro equipo también significa conocer sus limitaciones. Por ejemplo, con la cámara y lente que he mencionado anteriormente, sería un poco más complicado obtener una panorámica como la que os muestro en la imagen 2. Para una panorámica de la Vía Láctea completa vamos a necesitar unos 5-7 composiciones que vamos a tener que juntar en el procesado. Si en cada composición necesitamos hacer 10 imágenes de unos 30 segundos, el cielo se va a mover muchísimo de composición a composición. Sobretodo desde la primera a la última. Y si el cielo se ha movido mucho, juntar las fotos y que quede un cielo coherente no va a ser tarea fácil. La solución a este problema es sencilla, reducimos el número de exposiciones por composición. Pero recordad, que nuestra lente no era muy luminosa, por lo que el resultado final no sería tan intenso como la imagen que os muestro aquí.

En particular esta imagen tomada en Marzo de 2019 desde el observatorio de Calar Alto, en Almería (España), fue hecha con una Canon 6D y una lente Samyang 24 mm a f2.0. Es decir, una lente bastante más luminosa que aquella 10 mm a f5.0. Fijaos además que cada exposición es solo de 10 segundos. En teoría, para que las estrellas no se vean movidas, podríamos usar la regla de 500. Esto es, el tiempo máximo de exposición en el que las estrellas se ven como puntos es 500 divido de la distancia focal. En este caso sería casi 21 segundos. Sin embargo, el movimiento aparente de las estrellas en el cielo no es el mismo para todas. Haced una exposición larga del cielo como la de la imagen 3 y veréis que no todos los trazos son igual de largos y por lo tanto la regla de 500 no siempre es precisa. En este caso, la Vía Láctea estaba muy cerca del horizonte y haber hecho exposiciones de 20 segundos habrían resultado en estrellas no puntuales. Además la reducción del tiempo de exposición me permitió estar seguro de que el cielo no se moviese de forma significativa desde la primera hasta la última imagen de la panorámica.

El otro estigma del que os hablaba al principio era el que sugería que la astrofotografía es aburrida. Desde el punto de vista del espectador, esta imagen puede parecer una simple panorámica de Vía Láctea, y puede que lo sea. Sin embargo, como autor sé las horas de planificación que llevó hacerla. Por ejemplo, un metro más hacia delante, y los árboles me podrían tapar los telescopios de la izquierda. Un par de metros más hacia atrás y la carretera no era recta. Unos minutos antes, y Venus no habría estado saliendo por el horizonte y posicionándose perfectamente con la carretera. Y finalmente, cualquier persona que en el futuro vea esta imagen podrá saber que fue tomada en 2019, porque solamente en Marzo de 2019 teníamos a Júpiter, Saturno y Venus alineados de esa forma. El cielo puede parecer estático, pero en realidad no lo está. De hecho, si os fijáis en la primera foto que os mencionaba en el artículo y en esta imagen (o en la que abre el artículo), podréis ver que ambas tienen un objeto muy brillante en casi el mismo punto, en la parte central superior de la Vía Láctea. En ambos casos se trata de un planeta, pero en la imagen tomada con la Canon 500D en 2017 era Saturno el que se encontraba ahí, y en 2019 era Júpiter.

Otro tipo de imagen que es relativamente fácil de hacer y asequible en cuanto al equipo necesario, serían las fotos de trazos de estrellas como la que os mostraba en la imagen 3. En este tipo de fotografías es muy fácil mantener los ajustes de la cámara para fotografía nocturna sin darnos cuenta de que todas las estrellas brillantes se van a quemar y vamos a tener unos trazos blancos. Si, de nuevo, prestamos atención a la planificación y conocemos nuestro equipo, podemos cerrar un poco la apertura de la lente, bajar el ISO y ganar en rango dinámico. De esta forma podremos tener unas trazas de estrellas que muestran los diferentes colores de las estrellas. Cuánto tenemos que modificar los ajustes dependerá de vuestro equipo en particular. Si disparáis con una cámara APS-C es posible que tengáis que bajar el ISO más que si usáseis una cámara de sensor completo a una misma apertura. Esto se debe a que las cámaras APS-C por lo general tienen peor rango dinámico y sus píxeles saturan más fácilmente.

Muchas veces, sin un telescopio, nos vamos a preguntar qué es lo que podemos hacer con nuestras lentes, además de las típicas imágenes de gran angular, y es posible que el cielo nos de una sensación desbordante con todo lo que nos ofrece. Es aquí donde una buena planificación es fundamental. Por ejemplo, en ocasiones tenemos la presencia de ciertos objetos, como pueden ser cometas, que de repente son visibles incluso sin el uso de focales largas ni de observaciones con seguimiento. Este fue el caso del cometa 46P/Wirtanen que nos visitó durante el pasado mes de Diciembre y que os muestro en la imagen 4 junto a la constelación de Orión usando tan solo una lente de 24 mm. Como añadido además el cielo esa noche fue tan bueno que nos regaló ese tinte verdoso denominado “airglow”, que no es otra cosa que nuestra atmósfera emitiendo luz debido a la interacción con fotones (el airglow puede ser rojo o verdoso como en esta foto dependiendo de si la emisión es causada primariamente por el oxígeno o el nitrógeno en nuestra atmósfera).

Obviamente esto no significa que no nos interesen las focales largas. Al revés, las focales largas nos van a permitir jugar con el cielo y los elementos de tierra de forma muy personal, siendo capaces de crear escenas únicas que nos diferencien de otros fotógrafos, incluso si han estado con nosotros en el mismo sitio. Os mostraba antes la imagen que tomé del cometa 46P/Wirtanen con mi 24 mm. Durante esos días ocurrió que teníamos la lluvia de estrellas de las Gemínidas. Por lo general, para las lluvias de estrellas usamos angulares grandes o medios, creando imágenes como las de la imagen 5 (fijaros en el airglow rojo que se ve hacia la izquierda de la imagen). Aunque son impresionantes, este tipo de imágenes son más corrientes que aquellas que hacen uso de focales algo más largas. Es por esto que, tras hacer mi planificación y darme cuenta de que el cometa 46P/Wirtanen iba a estar muy cerca de las Pléyades, me decidí a usar una focal de 50 mm en una cámara APS-C para crear una imagen especial, diferente, en cierto modo única e irrepetible porque este cometa no va a volver a pasar cerca de las Pléyades durante una lluvia de meteoros en miles o millones de años. Y así es como creé la imagen 6. En este caso, debido a la regla de 500, para exposiciones de 20 segundos a esa focal necesitamos usar un aparato de seguimiento de estrellas. Yo el que uso, y recomiendo generalmente, es el Skywatcher Star Adventurer. Fijaros en toda la información que 20 segundos es capaz de sacar en las Pléyades y el cometa. El resto de imágenes usadas son simplemente para añadir cada uno de los meteoros que pasaron por esa región del cielo. Por primera vez en el artículo, hemos añadido un elemento extra al material que necesitamos para hacer astrofotografía, pero no es que sea un elemento excesivamente caro (rondan los 300€) ni difícil de usar (se coloca en cualquier trípode).

Continuando con las focales largas, este es un buen momento para volver a hablar de la Vía Láctea. Y es que al igual que pasa con las lluvias de estrellas, la gente se suele quedar anclada en el uso de focales de 14 mm o 24 mm. El centro de la Vía Láctea ofrece tantísimos objetos de espacio profundo que quedarse en esas focales es desaprovechar una muy buena oportunidad de hacer cosas diferentes, de diferenciarnos una vez más del resto de la gente. Simplemente pongamos una 24 mm en un sensor APS-C (campo de visión equivalente al de una 35 mm en una cámara de cuerpo completo) y podremos hacer que la Vía Láctea tome mucho más protagonismo en nuestra imagen con respecto a los elementos de tierra (véase la imagen 7 como ejemplo de esto). Pero no os quedéis ahí, llevad vuestras focales mucho más allá. En la imagen 8 os muestro el resultado de usar una lente de 135 mm en una Canon 6D. Ojo, esta imagen no tiene seguimiento alguno. Podría haber usado el star tracker y luego combinar las dos imágenes, pero en este caso, para mostrar bien el potencial que tiene el usar una lente de tan larga focal en la Vía Láctea, decidí ir a la configuración más básica del equipo (trípode, cámara y lente). No solamente seréis capaces de meter los elementos de tierra dentro de la Vía Láctea, sino que además podréis sacar mucha información de algunos de los objetos de espacio profundo que están situados en esa zona, como puede ser la nebulosa de la Laguna situada en la parte superior izquierda de la imagen.

Otra posibilidad que tenemos con focales largas, a partir de 150 mm en APS-C o 200 mm en cuerpo completo, es la de fotografiar la luna con la intención de sacar el mayor detalle a su superficie. Mi combinación habitual en estos casos es usar una lente de 300mm con un sensor APS-C. Aquí es importantísimo fijarnos en que no saturemos la luna. Mirad vuestro histograma, cerrar la lente a f7-f8, bajad un poco el ISO a 400-800 y jugad con el tiempo de exposición para no quemarla. La mejor técnica para sacar el mayor detalle posible, es tomar múltiples imágenes que luego podemos apilar para contrarrestar los efectos negativos de la atmósfera. Claro está que si estamos empezando, incluso con una única toma, siguiendo estos pasos que he indicado aquí, vais a poder sacar una fotografía preciosa de la luna. En la imagen 9, yo he ido un paso más allá y en vez de usar mi lente de 300mm, usé un refractor de 100mm de diámetro y 550 mm de focal, pero la idea es la misma con una lente, y al ser la luna tan brillante no vamos a necesitar ningún tipo de aparato de seguimiento.

En el artículo, os he mencionado ya algunos objetos de espacio profundo que podemos fotografiar sin necesidad de largas exposiciones. Sin embargo, es cierto que para la mayoría de ellos las vamos a necesitar. Esto no significa necesariamente que tengamos que usar un aparato de seguimiento como el Star Adventurer que os comentaba antes. Hay casos como las Pléyades, Andrómeda, la nebulosa de Orión y algunos otros objetos que apilando múltiples (cientos/miles) exposiciones cortas podríamos obtener resultados interesantes. No obstante, si tenemos el aparato de seguimiento, los resultados van a ser más rápidos y más fáciles de obtener. En la imagen 10 os muestro el resultado de 2.5 horas de exposición alrededor de la región de Antares, muy cerca del corazón de la Vía Láctea. En este caso, el equipo consistió del Star Adventurer, una cámara APS-C y una lente de 135 mm. Así de sencillo. De manera similar, con el mismo equipo creé la imagen 11. Toda esa nebulosidad roja que veis en esa imagen no se detecta del todo bien con nuestras cámaras tal y como vienen de fabrica. Esto es debido a que los sensores traen un filtro que bloquea la luz roja (o muy roja) bajando considerablemente su sensibilidad. Es por ello, que el tiempo total de exposición en esa imágen fue de 4.9 horas. Si hubiese modificado mi cámara para astrofotografía, es muy probable que hubiese obtenido un resultado superior a esa imagen en 1/4 parte del tiempo de exposición. Aquí volvemos otra vez al punto con el que empecé el artículo, se trata de conocer vuestro equipo. Yo sabía que mi cámara no está modificada y por lo tanto planifiqué una observación de mayor duración en vez de pensar que no podría hacerla. Adaptación, personificación del flujo de trabajo, arriesgar… son aspectos que tenemos que tener muy presentes en la astrofotografía y que personalmente creo que la hacen excitante.

Para cerrar este artículo os quiero enseñar una imagen un poco diferente. La nebulosa de la Cabeza de Caballo que os muestro en la imagen 12, fue tomada con un telescopio y un tiempo de exposición bastante largo. En este caso, la cámara usada es monocromática y por lo tanto sensible a cualquier parte del rango de luz. Mediante el uso de filtros podemos bloquear ciertos componentes de la luz dejando pasar solo lo que nos interesa. Una fotografía así requiere práctica, paciencia y un nivel avanzado de astrofotografía. Es en ese nivel cuando ya empezamos a apostar por equipos más potentes (y caros). No obstante, antes de llegar a este punto, como creo que os he mostrado en este artículo, ya hemos podido disfrutar de múltiples maneras del mundo de la astrofotografía. No veáis esta imagen como el principio del camino, sino como el final y lanzaos a este apasionante mundo de luces y colores.

¡Bienvenidos a la astrofotografía!

Un saludo y buenos cielos.

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